La noche de viernes, como le escribí a Marquinho en el cel hace unos segundos, fue una noche gratificante.
Me pasé la tarde de domingo leyendo un libro que me ha sumergido en un espacio reflexivo y que me tiene a la expectativa. Aunque claro, no he logrado disociar mi mente, y mis reflexiones, de lo vivido el fin de semana.
Podría pensar que el viernes no pasó nada, pero eso sería mentirme a mí mismo. En realidad siempre, hasta en los suspiros más insignificantes, pasa algo.
Podría decirse que la noche comenzó a eso de la 1pm, en casa de Gina viendo el dvd del Sensation White & Black del 2003. Buena vibra la que compartimos, entre conversaciones de asuntos y situaciones insostenibles, de mensajes, amigos, relaciones… Buena sensación con Dianita y Gina, pensando en lo que representan para nosotros la música electrónica y la fiesta. Lindo comienzo, un viernes con las dos mujeres más impresionantes que he conocido en mi vida.
Por la tarde, tipo5, la llamada de Mari para recordarme que nos veríamos en el concierto de la U. Sin mucho interés por las bandas más que por el interés de verle al queridísimo Oscarín, gran amigo y personaje que he comenzado a frecuentar en este semestre. Todo un personaje. Lleva la música en las venas y las ganas de vivir, ellas lo impulsan a amar de una forma muy sincera. Me cae muy bien. Grande personaje.
Llegando a la U encontrarme, tipo 6, con Ludo y Gaby cruzando el parque. Agradable encuentro; fugaz, pero agradable. Y los abrazos de la Gaby, siempre honestos, pese al corto tiempo de conocernos siempre me abrazas con cariño. Y el Ludo con honesta salutación. Buen personaje.
Llegar al escenario y encontrarme con Lalita, Vane y Mari. Festejar el “cumple mes”, jajajaja, con la Mari. Soledades compartidas Mari, a veces toca, aunque nos la pasamos bien. Música, conversación. Todo buenísimo. Conocer a los amigos de Oscar, saludar, conversar, caer bien. Todo buenísimo…
Por ahí incluso pude conversar con una amiga del cole, Danny. Suerte con la candidatura.
Y la noche se presenta con posibilidades, siempre de pronto y sin planearlo. Con el mensaje de Nemo toca decidir solo una cosa, Mauri llega de visita a Quito y hay que salir, ¡hay que festejar! En el camino hacia “la zona”, la llamada de David, mi mejor amigo, que me espera con Cris en el Pride.
¿Cómo no saludar a la gente que quieres? ¿Cómo no agradecer a la vida los momentos compartidos? Tengo frente a mí una noche de posibilidades, todas ellas que no planeo, y sin embargo que se pintan solas, Siempre es bueno vivir, sin adelantarse a las horas, solo vivir.
En el Pride encuentro a Davo, el gran amigo de siempre, junto a Cris, una hermosa chica que comienzo a conocer; intrigante, alegre, honesta. Dos Mojitos, un Sex On The Beach, una conversación, palabras que a veces no entiendo, y mucha felicidad. Brindis, brindar por la amistad, por la noche, por estar presentes, por lo que cada uno lleve en el alma.
En el brindis no es necesario conocer las intensiones, simplemente hay que mirar a los ojos al interlocutor de este dialogo gestual. Brindar, como siempre he insistido en contárselo a mis amigos, es mirarse a los ojos y decir “Salud” –Si tanto lo repito, ¿por qué no escribirlo acá?-
Se trata de una costumbre antigua. Brindar implica una bebida con algún nivel de gradación alcohólica, dos o más personas, y cuatro o más ojos enfrentados el uno al otro. Brindar, en tiempos de la edad media, debía ser entre dos jarras de cerveza. Imaginen una gran comida con dos jarros grandes de espumosa cerveza. Para poder brindar, debían chocar con fuerza los vasos para que estos produzcan un bamboleo en el contenido, de tal suerte que una leve cantidad de la cerveza del vaso del uno caiga en el vaso del otro. Esto quería decir, ni más ni menos, que tanto la bebida del uno como la del otro no contenían veneno. Mirarse a los ojos al decir “salud” implicaba, entonces, una conjugación sincera de desearle al otro bienestar y decirle, con el gesto y el brillo de los ojos, que no habías colocado veneno en el vaso del otro.
Y ahora, cuando brindo mirando los ojos de mi mejor amigo y de esta hermosa chica que comienzo a conocer, pienso en la importancia de siempre brindar con el corazón libre de intensiones ocultas o de venenos rencorosos. Me siento feliz de estar acompañado del chico que quiero, mi mejor amigo, y una hermosa chica que comienzo a conocer ¡Cuan grato es siempre comenzar la noche con amigos al expresar respeto sincero en un acto tan simple y honesto como el de chocar las copas augurando salud!
En ese momento pensaba que, por una leve sincronía, mis otros amigos –Mauri y Nemo-, de quienes me despedí por poco tiempo, también brindaban en otro lado por la salud de su amistad.
Amistades; personas que conoces. Que entran en tu vida y que, en mi caso, siempre influyen en lo que eres y haces. No puedo, lo he comprobado, conocer a alguien sin que su presencia, sus palabras o gestos, me afecten de una u otra forma y en uno u otro grado. Prefiero esa interacción honesta. Como hablaba con David hace unos días, como leer un libro y jamás ser el mismo después de concluir sus líneas.
Y mientras conversaba con David y Cris pensaba en aquello que después me descubrí a mí mismo sintiendo y diciendo. Que “no quiero, por el momento relaciones largas, estables, serias, comprometidas; lo que necesito es saber que tengo a mi lado a mis amigos, gente honesta con cariño honesto, nada mas.” Y me gustó poder encontrar en David un gesto compartido, de complicidad compartida. Amistad, Davo, siempre entre nosotros el cariño afectivo de lo que es una buena amistad. Un amigo, el mejor.
Después saludé con Mauricio y Alejo, dos personajes que he conocido en estos meses. Buenas personas, cada cual con su nivel de complejidad, pero que sin embargo, y pese a si mismos, continúan en mi vida con el saludo sincero y el abrazo incondicional. Estaban ahí, en su grupo de amigos de la mesita a mis espaldas. Siempre saludan y eso me gusta. Hasta ahí está todo buenísimo y creo que soy capaz de tener amigos en ese plano. Gente que está ahí, que a veces habla y otras no, pero está ahí. Sin pedir mayores compromisos, gente que me saluda con cariño cuando me ve.
Sorpresas, la noche estuvo llena de sorpresas. Ahí mismo, como una mágica aparición, entró Lucho con alguien más a sentarse por ahí a tomar un café. Lucho, no podía dejar de abrazarlo. ¡Había pasado tanto tiempo! Un joven nuevo que comienza a reencontrarse después de mucho camino por los errores de una vida tomada a la ligera. Tan ligero como pisar a fondo el acelerador cuando tienes la mirada obstruida por la contingencia y el cerebro saturado por lo que se enfila desde un tabique blanco.
Ahora es un hombre nuevo, con un cuerpo más sano, ojos alegres, manos inquietas y llenas de vida. Me alegro poder verte luchito, otra vez. Ésta vez, completamente libre y tranquilo. ¡Qué emoción!, noche de sorpresas.
Antes de salir me encontré en el baño con un chico que me escribe al celular, es alguien que todavía no conocía, muy lindo por cierto y con aire inquieto. Lo saludé mientras me lavaba las manos, me había reconocido por el cabello, eso dijo. Un saludo al muchacho, promesa de algún rato tomar mas tiempo para conocerlo y salir del lugar.
Caminé hasta la pizzería Al Forno para encontrarme con Fabio y festejarle, con un abrazo y una breve conversación, el cumpleaños. No sin antes prometer a David y Cris que esa misma noche nos veríamos en BlackOut para bailar y festejarnos la noche.
Fabio, rodeado de amigos y amigas, sonreía complacido. Por ahí estaba una amiga de Fabio, la mejor, a quien mucho no conozco pero que, sin embargo, siempre me saluda de forma cordial. También estaba Esteban, un chico que conocí una noche. Un tipo agradable. Fabio y la conversación honesta de todo aquello que no hemos podido decirnos en mucho tiempo. Un tiempo me gustó mucho ese chico. Ahora lo veo siempre con un cariño impresionante, como solo veo a mis amigos.
En este momento pienso, y descubro, que a mis amigos, a la gente que quiero, siempre le doy proximidad física. Aunque muchas veces se confundan las cosas en el camino. Quizás otros me confundan, pero siempre deben saber que los abrazos, en mi caso, son sinceros. Jamás estrecho a alguien que no quiero, respeto y aprecio. Cuando digo algo es porque lo siento, sino, no me canso en vano.
En fin, regresando a la pizzería, a Fabio con su sonrisa y sus amigos; pensaba en la amistad, en lo que conversaba con él en los breves 30 minutos de actualizar agendas. Fabio, siempre con la palabra precisa. Conocimiento, la ventaja del conocimiento siempre. En la valoración general de la noche, descubro que aquellos con quienes comparto más mi vida, Gina, Diana, David, Fabio, Mari, tienen la ventaja de saber expresar la palabra precisa, de reconocerme siempre y de responder precisos mucho antes de escuchar la pregunta. Como si pudieran adelantarse a la huella síquica, a la imagen acústica, antes de que se torne en expresión fónica.
En fin. Ahí, en la pizzería, me puse a pensar en otra de las cosas que tanto tienen que ver con los amigos, la confianza y el brindar. Compartir copas no es el único acto de confianza que se transmite en lo cotidiano. El comer también implica confiar.
El compartir con amigos una cena, ya sea por cumpleaños o el motivo que sea, implica compartir gustos, sabores e intenciones. Es necesario pensar en todo aquello que implica lograr un asado, un sabor, un punto. Tenemos la suerte de ser animales que cocinan, y eso significa mucho. Saber qué es lo que nos gusta y qué no, saber qué tipo de sensaciones aguantamos, toleramos, amamos. Cuestión de gustos, dicen. Ha de ser.
Por otro lado, pienso -porque estoy con una obsesión compulsiva por analizar todo- en lo que significa comer en un restaurante, el que sea. Esta semana me ha llegado un e-mail sobre un sitio insalubre donde preparaban comida rápida en la ciudad. No puedo dejar de pensar en lo que implica el sentarse en una mesa para compartir con los demás y confiar la salud y el gusto propio, a las intensiones y sazón de otro. Siempre estamos dando ese paso, confiándole nuestra salud e integridad a los demás.
Por otro lado, tras despedirme de Fabio y su amiga -y desear buen provecho alimenticio a todos los presentes-, salí de la pizzería. Caminé pensando en mis amigos y en los encuentros con la comida. Pensaba en los momentos significativos de mi vida compartidos con amigos, ex novios, familia, etc, en los cuales alguien te cocina algo.
Han preparado “sazones” para mí: mis padres, la Marisol –empleada-, mis amigos,... (Un ex preparó algo en una tarde, en una terraza con vino y tango. Otro ex preparó para mí un buen desayuno, varias veces, en el departamento de un amigo que teníamos en común, al cual íbamos siempre después de una noche de farra.) La sazón de Laurita, la ma de Gina, las arepas de Gina,… David todavía tiene buena sazón, aunque su cocina es el resultado de la buena improvisación y el buen gusto. Para ello es necesario conocer y conocerse, no hay de otra.
Desde hace unos meses ha entrado en mi vida un nuevo buen amigo a quien estoy comenzando a querer demasiado. Carlitos me ha fascinado como persona y como amigo en muchos aspectos. Quizás es tiempo ya de incluirlo en mi “querido diario virtual” y darle un espacio. Aunque hay mucho que podría contarles sobre él, les contare algo que me atrae mucho de tan agradable personaje. El muchacho sabe cocinar.
Una tarde, en una conversación agradable, me confesó sobre su gusto por los libros de Harry Potter, porque estábamos compartiendo palabras sobre gustos literarios. Me dijo, lo cual me causó mucha gracia por la inocencia y sinceridad de sus palabras, que estudiaba gastronomía porque se sentía identificado con aquel personaje que preparaba “sopitas”, aunque en realidad quiso decir pociones.
Y me puse a pensar en él mientras regresaba a encontrarme con mis amigos para ir al Black. No podía dejar de pensar en lo que implica el preparar algo para alguien y darlo con cariño. ¿Son pociones? Sí, siempre lo son. Aunque no lo sepamos, todo lleva una intención codificada en la sazón.
Carlitos esa misma noche me llamó dos veces al cel. Es un lindo. Ya podré hablar un poco más de él.
Bueno, me desvío del tema, jejeje. Llegué donde estaban Nemo y Mauri para ir juntos a BlackOut. En la puerta me encontré con Fercho, lo saludé con un abrazo y entré.
Fue interesante regresar a ese lugar después de tanto tiempo y tantas cosas. Fue bakán porque allá pude encontrarme con amigos que no veía en mucho tiempo.
Me sorprendió bailar con una chica que me pidió bailar con ella. Una chica muy agradable que acababa de regresar de un intercambio en Illinois. Buena gente.
Por ahí le vi a Mauricio besándose con Pablo, jajaja. Me alegré por el muchacho, jajaja. Bailé con David, Cris, Daniela, Fercho, Jaky (así se llamaba la chica), Nemo,Mauri, Jose y Mika. Fue muy gratificante estar ahí. Definitivamente necesito esto, un grupo de amigos. Gente que quiera y aprecie mucho. Amigos con quienes pueda compartir.
No esperaba encontrarme ahí con Jose, Mika y Chivis. Tres muy interesantes personajes a quienes respeto mucho. Bailé en la tarima con Jose y Mika y disfruté muchísimo ver, sin planearlo, a gente que comienzas a conocer y a querer mucho. Pude bailar con ellos y, como decía antes, después de todo, a todos mis amigos les doy siempre proximidad corporal. Me parece una forma honesta de decir “aquí estoy” sin dobles intensiones.
Quizás eso sea la amistad; proximidad y confianza. (Y no me refiero solo en plano físico). Quizás eso confunda la gente muchas veces. Por eso no debería sorprenderme, aunque por despistado sí me sorprende, que Nemo me diga que me quiere después de haber bailado con él esa noche. No sabía que le gustaba. A veces por despistado no noto ese tipo de cosas. Espero que eso termine bien, no me gustaría fomentar futuras decepciones.
¿Qué le vamos a hacer?
En fin, por otro lado… conclusiones de una noche bastante tranquila, en la mediada de lo que permite la música.
Antes de irme me encontré con Jeffo en la puerta del Black. Me agradó mucho que se acerque a saludar. Pese a todo lo pasado lo sentí sincero en el abrazo y en el gesto de prestarme su chaqueta para el frío (porque Mauri no aparecía y él tenía mi ficha con mi saco). Pasamos algunos minutos conversando de varias cosas para despues despedirnos y cada unos por su lado.
Gratas sorpresas en una noche llena de gratitudes, música, baile y reflexión
Y la verdad no fue una noche planeada, se dio así como bien debió suceder. Y así estuvo buenísimo. Lo que me gustó fue ver a tanta gente que quiero en una sola noche. Las horas, lo dicho, lo bailado, lo pensado. El reflexionar sobre el brindis y la comida. -Aunque no he tenido tiempo para reflexionar sobre el baile. Quizás porque no necesité pensarlo en ese momento, solamente lo disfruté mucho.-
Para concluir, y por incluir algo que se me acaba de cruzar por la cabeza al escuchar a mi gato chillando en la sala, debo escribir aquí algo medio macabro y a la vez un poco sugestivo.
Es verdad que me he pasado pensando en el gusto, la confianza y la sazón. Pero debo decir que también pienso, y siento, que a veces quisiera comer crudo. Después de todo soy “leo”. Mi gato ha traído, y dejado como evidencia de su impulso tanático, una palomita muerta y semi-desplumada en medio de la sala. Tras superar el susto de lo “macabro” del hallazgo –no del hecho-, pienso inevitablemente en la necesidad de cazar y de probar la sangre.
Dientes y piel. Pese a todo, sigo teniendo mis dientes. Pensar en lo que va más allá de la amistad, la carne, siempre me tiene con la piel urgente. Estoy feliz de tener amigos, de pensar en la amistad y disfrutarla. Pero también tengo a mi instinto y mi piel urgente.
Dientes y piel. Sí, a veces quisiera comer crudo. ¡Qué terrible esto de tener instintos! ¿Verdad Azuzu?